Son las 8 de la mañana de un frío domingo y, en la tranquila ciudad, no se escucha apenas el motor de un coche, ni un claxon, ni los gritos de los niños que entran en la escuela. Pero, si prestas la suficiente atención al silencio, te darás cuenta de que, en alguna casa, puedes oír el molesto despertador insistente que obliga y fuerza a aquellos que, sin ser madrugadores, se despiertan pronto en el día del Señor. Una gran proporción de ellos son autónomos y, de estos, otros tantos son traductores diurnos (porque los traductores nocturnos se acuestan el domingo a esa misma hora después de haber casi acabado el encargo para el lunes).

Y, ¿por qué los traductores necesitan tomar tanto café o trabajar en festivos? Si te haces esta pregunta es porque no eres traductor. Si estás estudiando para serlo, te aviso: #SpoilerAlert. Seguirás leyendo si eres de esas personas prácticas y planificadoras que prefieren un momento de pánico que les mentalice de antemano a postergar el momento en el que preocuparse por los gajes de su profesión.

La apasionante vida del traductor comienza, para empezar, trabajando por tu cuenta. Puedes intentar meterte en una agencia como trabajador fijo, pero eso es cada vez más complicado, sobre todo si quieres ser solo traductor y no gestor de proyectos de traducción (para lo que hace falta formación, experiencia y suerte de encontrar una vacante). Para trabajar por tu cuenta, necesitas tener un ordenador y el software necesario (Trados, Memsource, etc.). Después, cuando creas que tienes los estudios y la práctica suficientes como para responsabilizarte de la traducción de textos, contacta con agencias. Recuerda informar de la combinación de idiomas con los que trabajas, tu tarifa y tu experiencia. Esto último será muy importante para acabar especializándote en un tipo de texto.

Cuando consigas que el, aproximadamente, 10 % de las agencias con las que has contactado se fije en ti y te dé la oportunidad de, quizá, trabajar con ellos, tendrás que hacer una prueba de traducción escrita. Piensa que la agencia necesita garantizar que la calidad de los textos que tú traduzcas va a ser alta. No te ofendas y hazla. Obviamente, no te van a pagar por hacerla, pero no suele llevar más que unas horas y merece la pena hacerlas bien. Tómate tu tiempo e intenta que la puntuación y todos los nombres propios (marcas, por ejemplo) estén perfectos. Si alguna agencia te rechaza por el resultado de tu prueba y tú sabes que lo has hecho lo mejor posible, intenta averiguar por qué (ellos van a darte una evaluación), pero tampoco te martirices ni pienses que no vales; a veces, las agencias tienen muchos candidatos y acaban fijándose en pequeños detalles que el revisor habitual podría corregir fácilmente.

Cuando hayas conseguido pasar una prueba de traducción, ¡enhorabuena!, tendrás que estar localizable de 9 a 20 horas todos los días entre semana; y olvídate de tener los findes libres. Pero, bueno, no te preocupes, si sigues nuestros consejos conseguirás tener al gestor de proyectos de la agencia contento y seguirá teniendo trabajo para ti.

Los 10 letroconsejos para traductores autónomos:

  1. NUNCA entregues una traducción fuera de plazo ni aceptes una fecha de entrega que no vayas a poder cumplir. Negocia con el gestor antes, ellos suelen contar con un margen para ello.
  2. Contesta a todos los emails: los gestores se relacionan con tantos traductores que, cuanto más hables con ellos, más te tendrán en cuenta.
  3. Mira constantemente tu bandeja de entrada. Constantemente, sin descanso, quizás, es mucho, pero ahí es donde vas a recibir las solicitudes de encargos y los gestores están esperando tu respuesta. Si tienen que perseguirte, van a dejar de contar contigo. Te recomendamos que tengas tu cuenta de correo anclada al móvil para que te salten las notificaciones.
  4. Para que no se te vaya el plazo de entrega de las manos, cuenta con que puedes abarcar unas 2 000 palabras al día. Si lo haces así, podrás dividirte el trabajo y tener algo de tiempo libre.
  5. Abre el documento a traducir y échale un vistazo antes de aceptar el encargo. Puede tratarse de un tema muy especializado del que te falte conocimiento y el resultado puede ser desastroso. A veces decir no a un encargo puede ser un éxito.
  6. Cuando te tomes un día libre entre semana, puedes optar por poner un email de respuesta automática para informar de que ese día no vas a poder asumir un encargo urgente, o que, a pesar de ser tu día libre, estarás atento al móvil para contestar al gestor llegado el caso. A veces, merece la pena no desconectar del todo y aceptar un encargo que puedas hacer al día siguiente.
  7. Haz tus facturas tranquilamente y sin cometer errores cuando tengas un tiempo de descanso entre encargo y encargo, pero no tardes mucho en hacerlo porque las agencias suelen pagar 30 días después de recibir la factura. Recuerda incluir el IVA y el IRPF si en tu caso fuera necesario. Si trabajas con agencias en el extranjero, no tienes que cobrarles ninguno de estos impuestos. Si no sabes cómo puedes empezar a hacer facturas, haz clic aquí.
  8. No dejes de aprender. Las lenguas se oxidan y olvidan: intenta hacer actividades que estimulen la evolución de tu idioma y no descartes aprender otros nuevos. A estas agencias les puedes ser muy útil si traduces desde varios idiomas.
  9. Aliméntate bien, haz pausas a las horas que estés acostumbrado a comer, pero intenta tomar alimentos ligeros para que hacer la digestión no te impida seguir trabajando. Aquí es donde un té o un café pueden ser muy útiles para incrementar tu nivel de concentración.
  10. Ser traductor autónomo puede ser una profesión muy solitaria, por eso te recomendamos que te apuntes a asociaciones relacionadas con este campo e, incluso, que te apuntes a cursos, ya no solo de idiomas, sino de traducción especializada en un género. Esto puede abrirte más puertas y, además, conocerás a más compañeros de profesión.

¡Hecho!

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