¿Has descubierto recientemente que no puedes parar de comparar los títulos originales de las películas con los traducidos, que cuando oyes una canción en la radio en otro idioma intentas hacer tu propia versión en español? Entonces es que has descubierto que tienes un talento para los idiomas y, en particular, para traducir.

Para aquellos que no han estudiado el grado de Traducción e Interpretación, convertirse en traductor parece una tarea imposible, casi inimaginable. ¿Pero qué problema hay en aprovechar tanto tus conocimientos sobre el campo de estudio de tu carrera y la vez tus capacidades lingüísticas? Desde Letropía te animamos a hacerlo. ¿Cómo puedes convertirte en un traductor profesional? ¡Sigue leyendo!

La traducción es un ejercicio de transformación muy completo, cuyo objetivo es que todo permanezca igual. Para que esto sea posible, no solo es necesario tener un conocimiento altísimo de la lengua extranjera, sino ser también competente en el tema del que trata el texto. Así como un traductor literario necesita tener una sensibilidad literaria especial, para un traductor técnico es vital tener un conocimiento mínimo sobre física, química, matemáticas y materiales. Aunque se puede suplir con una buena investigación, siempre es conveniente saber con certeza de qué estamos hablando en una traducción, pues nuestras palabras son las únicas que van a llegar al lector y no podemos permitir que sean erróneas por nuestra propia ignorancia.

Este factor es el que determina que, aunque en esta profesión no sea ilegal ejercer sin un título, una persona que es únicamente bilingüe y no ha cursado estudios de traducción no debería ejercer esta profesión y, sin embargo, es muy ventajoso que alguien que no lo sea, pero los curse y esté en posición de otros títulos universitarios o estudios prácticos de formación profesional, la ejerza. Por ejemplo, imagínate el efecto positivo que puede tener sobre un manual de motores para coches que sea traducido por un profesional que haya sido mecánico.

Después de demostrarte que tú también puedes ser traductor, aquí te proponemos cómo emprender el camino:

Como hemos dicho, un título o diploma de traductor es altamente recomendable. Si no lo tienes, es muy posible que nadie te tome en serio, incluso siendo bilingüe. En Letropía, no somos fans de esa enfermedad tan actual llamada «titulitis», pero traducir correctamente requiere equivocarse cientos de veces y siempre es mejor que te corrija tu profesor que tu jefe o cliente. De no ser así, ¡puede salirte más caro el error que el curso!

En España hay un par de universidades que ofrecen curso de postgrado de traducción general. Aquí te destacamos el de la Universidad de Vic (online) y el de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, que no requieren tener un título de traducción e interpretación y que te darán una visión general de la profesión. Existen otros muchos másteres en España que te ofrecen la oportunidad de aprender a traducir, pero, en muchas ocasiones, se centran en un género. Desde Letropía te recomendamos que optes por un curso general si este es tu primer contacto con la profesión, ya que elegir una especialidad desde el principio puede convertirse en un error o en una mala decisión: si tu campo de estudios anteriores uno en concreto, una vez acabes el curso serás capaz de especializarte a medida que encuentres encargos relacionado con lo tú ya sabes. También existe la opción de irse a estudiar al extranjero, donde es posible encontrar más cursos de este tipo, pues en muchos países europeos no existe la carrera de Traducción e Interpretación.

Pero un título universitario no es la única opción. Recuerda que esta profesión es, sobre todo, práctica, es decir, a caminar se aprende caminando. Existen cursos menos costosos y de alta calidad que te forman como traductor profesional. Nosotros recomendamos el de Cálamo y Cran, impartido en Madrid y acreditado por la Universidad Europea de Madrid.

Bien es cierto que convertirse en un traductor profesional y de calidad requiere tiempo. Asegúrate de que el curso que hagas no dure menos de 9 meses, y es muy importante que sea un curso más práctico que teórico.

Recuerda: ¡tú también puedes ser un traductor profesional!

En una entrada posterior, os informaremos de los pasos a seguir más adelante, una vez formados, para conseguir trabajo.