¿Cómo lo cuento? ¿Tienes claro los tipos de narrador que existen y cuál es el más adecuado para tu novela?

En realidad, es una de las primeras cosas que tenemos que tener claras cuando empezamos a escribir y suele salir de forma espontánea, mucha gente ni lo piensa. La primera idea que acaba generando el libro nos lleva a decidir qué tipo de narrador va a contar la historia. Sin embargo, ¿conoces las posibilidades de cada tipo de narrador? Tanto los narradores de primera persona (protagonista o testigo) como el omnisciente tienen sus pros y sus contras.

El narrador omnisciente es el típico de los cuentos: «Había una vez una niña llamada Caperucita».

Los pros

Es el más «sencillo» de emplear porque, de alguna manera, no le debemos nada, es decir, podemos dotarlo de personalidad, pero eso no es vital para que se desarrolle bien la trama. Puede ser una voz objetiva, como si fuéramos nosotros mismos, y puede hacer los juicios de valor que quiera sin que nada le perjudique. Es habitual encontrar este narrador en obras importantes, por ejemplo, en el realismo español (Clarín, Pérez Galdós y Vicente Blasco Ibáñez lo usaban mucho) y en algunas obras del realismo mágico, porque esos escritores querían contar una historia global con muchos puntos de vista diferentes, de forma que el lector pudiera juzgar a su parecer.

Los contras

Desde mi punto de vista, un narrador omnisciente puede funcionar bien si la historia está bien ejecutada, pero si el argumento está poco elaborado, es lineal y las piezas no encajan a la perfección, puede dar la sensación de que como autor no te lo has currado mucho, no sé si me explico, es un elemento que luce poco, por lo que lo demás (tramas, descripciones, personajes) sí tiene que brillar.

El narrador de primera persona puede ser la voz del protagonista de la historia o de otro personaje que conoce bien cómo ocurrió todo, el llamado narrador testigo.

Los pros

Con un narrador así, el lector siente que se le están abriendo las puertas de una casa y ¿qué hay más halagador que eso? Se genera una confianza brutal y esto tiene que ser nuestro aliado durante el desarrollo de la trama para jugar con el lector y que se ponga de lado del narrador. Cuando un amigo te cuenta que le ha pasado algo y ha habido un conflicto, siempre te pones de su lado, ¿verdad? Pues esto es lo mismo. Piensa que el narrador va a contar algo chungo, y este narrador va a conseguir llevarse al lector al huerto. ¿Se te ha ocurrido alguna vez escribir una historia desde el punto de vista del malo? Esto me recuerda a Cinco horas con Mario, donde la protagonista confiesa una infidelidad cuando ya el lector está predispuesto a no juzgarla. Es una buena herramienta para humanizar a personajes que van a ser juzgados por sus malas acciones a lo largo de una historia.

Los contras

Ay, amigo, parece muy bonito, pero ojo, porque cuando el narrador es un personaje de la historia, el uso del lenguaje es más complicado. Recuerda que en este caso el narrador no puede hablar igual que tú, por lo que tendrás que hacer un trabajo de investigación para encontrar las palabras adecuadas para ese personaje. Es una labor interesantísima, pero requiere dedicación y cariño. Si tu personaje es un hombre del siglo XIX, tendrás que empaparte del modo de hablar de entonces. También tiene otro contra, y es que no podrás anticipar información cuando a ti como escritor te venga bien, sino cuando el personaje quiera, y las píldoras de información relevante es lo que hace que el lector siga leyendo.

¿Qué te parece? ¿Te habías dado cuenta? Recuerda que ambos narradores se pueden fusionar, porque una voz omnisciente puede ser al final revelado como uno de los personajes. También existe la opción de usar narradores diferentes según el capítulo, de esta manera se puede contar un mismo suceso desde dos puntos de vista.

Cuéntame en los comentarios qué tipo de narrador has usado tú en tu novela, si lo has hecho de forma consciente y si te apetece que te eche una mano con la búsqueda del narrador más adecuado. Por cierto, te propongo que escojas un fragmento de tu obra y cambies de tipo de narrador. ¿Qué ocurrirá? Quizá te sirva para encontrar más puntos de vista y darle al lector otra visión.

¡Hecho!

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