desde hace mucho tiempo, han existido figuras dedicadas a la técnica de la escritura y entregadas a la corrección de los textos creados y divulgados: ya en el Antiguo Egipto, los escribas eran muy valorados y aprendían desde niños la correcta escritura de los complicados jeroglíficos sobre el papiro. Después, en Grecia (y más tarde en Roma), fueron los esclavos los que, bajo la atenta supervisión del dominus, realizaban las copias de los libros que atesoraban o con los que comerciaban.